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El Sporting perdió por 7-1 ante un Real Madrid que hizo de su extraordinaria pegada el gran aliado para doblegar al Sporting por tan contundente resultado. El equipo gijonés comenzó jugándole a los madridistas de tú a tú, sin complejos y con dominio incluso del balón, pero el conjunto merengue se mostraría letal ante el portería gijonesa, con un extraordinario porcentaje de acierto en sus acciones ofensivas.
Ya con el 1-0 en el marcador tuvo el Sporting la opción de empatar. Kike Mateo, en una magnífica acción, la tuvo en sus botas, pero el balón no entró. Ahí se le acabó el crédito del partido a los gijoneses, porque merced a esa tremenda pegada que ejerce, el conjunto blanco subió al marcador su segundo tanto. Capítulo aparte merece la afición sportinguista, que dejó la impronta de su personalidad, desde los prolegómenos hasta ya finalizado el partido con el 7-1 en el luminoso.
Real Madrid: Casillas; Pepe, Cannavaro, Diarra, Raúl, Robben, Marcelo, De la Red, Higuain, M. Torres y Van der Vaart. También jugaron Saviola, Drenthe y Javi García.
Sporting: Sergio Sánchez; Cámara (Neru), Iván Hernández, Colin, Canella; Míchel, Diego Camacho; Pedro (Luis Morán), Kike Mateo, Maldonado (Diego Castro) y David Barral.
Goles:
- 1-0 Van der Vaart (18')
- 2-0 Van der Vaart (33')
- 3-0 Higuaín (36')
- 4-0 Van der Vaart (47')
- 5-0 Robben (51')
- 5-1 Kike Mateo (53')
- 6-1 Raúl (58')
- 7-1 Raúl (64')
En el capítulo de incidencias destaca la magnífica entrada que registró el Santiago Bernabeu en un encuentro de guante blanco y sin tarjetas, el extraordinario comportamiento de la afición sportinguista, siempre que con su equipo, contra viento y marea, y la imposición por parte de Ramón Calderón de la insignia de oro del Real Madrid a Quini en el hall de vestuarios al final del partido. Asimismo, Raúl y Casillas le entregaron sus respectivas camisetas al mito rojiblanco.
Lo de la afición rojiblanca es algo especial: entrañable, sensible... Entregada y orgullosa de sus colores, su comportamiento despierta admiración. El Santiago Bernabeu no fue ajeno a su comportamiento. No dejó de animar a los suyos en todo momento y, pese al adverso resultado, hasta incluso después del partido mostró su dignidad de afición grande, cargada de historia.
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